LA BAJADA DEL IVA CULTURAL

Quiero compartir un texto que escribí hace un año, y que por diversas razones finalmente no fue publicado en ninguna plataforma ni digital ni analógica. Con el cambio del 1 de enero nuevamente en el IVA cultural, adquiere cierto valor, o al menos eso creo.

SOLD OUT.

En primer lugar, quisiera reconocer que no soy experto economista; es más, mis conocimientos en el ramo son escasos. En realidad, no soy experto en nada, pero me gusta compartir ideas para, en el mejor de los casos, promover debates, que siempre enriquecen.

El caso es que he escuchado las voces indignadas de ciertos medios con respecto a la no adecuación de los precios en las salas de cine, tras la bajada del IVA de las entradas del 21% al 10%. De hecho, hay datos de cuántas salas de cine no han bajado el precio de las entradas. Se piden sanciones. A este IVA se le denomina, al parecer, IVA cultural. No he visto nomenclatura más errónea para un impuesto, pues tratándose de valor añadido, el IVA cultural debería ser el más alto de todos, ya que no encuentro ningún servicio que aporte más valor añadido a una experiencia de compra que la cultura. Yo le llamaría ICC, impuesto sobre el consumo cultural. Esta reclamación podría ir dirigida también a las entradas de teatro, conciertos, museos, etc. Por cierto, no vi a nadie que se quejase por la actualización de precios al 21% de IVA. Tal vez porque la mayoría de los empresarios asumió esa subida del IVA contra su cuenta de resultados. Tampoco vi datos sobre el número de salas que no subieron los precios. Tampoco se pidieron premios para esas salas.

Pero, permitidme que esboce aquí lo que para mí significaría una bajada real del IVA cultural. Me ceñiré al mundo de la música, del que soy un poco más conocedor. Y aviso que voy a ser un poco exagerado, pero los ejemplos es lo que tienen.

Básicamente entiendo que para que el resultado final de una producción artística, que en música podría ser un concierto en directo, se cobre al 10%, los procesos que conducen a ese concierto deberían estar marcados todos por ese 10%. Siendo extremos, un músico debería comprar instrumentos, alquilar locales de ensayo, pagar las grabaciones o facturar sus conciertos con un IVA del 10%, para que finalmente el promotor cobrase las entradas al 10%. Porque, si lo que pretendemos con esa bajada del IVA es dinamizar la actividad cultural, creo que estamos empezando por el lado opuesto de la cadena. Podríamos poner las entradas al 1% de IVA, pero si los profesionales que tienen que ejercer la cultura no tienen esa rebaja fiscal, se podría dar el caso (ya sé que estoy exagerando) de que hubiese muchísimo público para ningún concierto. Me recuerda un poco a esas jornadas de exaltación de la música que están tan de moda en nuestras ciudades, en muchas de las cuales cobra el que pone el escenario, cobra el que pone el equipo, cobra el que pone las luces, cobra el que limpia, cobra el de la seguridad, cobra el concejal… pero el músico toca gratis. El mundo al revés. La única parte imprescindible de ese entramado, esto es, el único profesional de todos los que intervienen sin el cual no podría celebrarse tal concierto, es el único que no cobra.

Y es que no es tan fácil bajar la entrada de un evento a cambio de bajar el IVA. Hagamos los números que un promotor haría grosso modo. Un grupo le cuesta 1000 euros. Sumándole el IVA, en realidad le tiene que pagar 1210. Cuando las entradas estaban al 21%, el promotor, que dispone de una sala con un aforo de 100 personas, cobraba 12,1 euros por entrada, y cubría los gastos del grupo. ¿Ya he dicho que es grosso modo? Si actualiza el precio de la entrada con la bajada del IVA, ahora debería cobrar la entrada a 11 euros. ¿Qué significa esto? Pues que recaudaría 1100, y tendría que rascarse de su bolsillo 121 euros de momento, para cumplir con Hacienda, que ya sabéis que somos casi todos. Podríamos entrar en temas de IVA, que es dinero para Hacienda (trabajamos gratis como recaudadores para Hacienda, que lo sepáis), que luego se lo devuelven… Fruslerías. La cruda realidad dice que esos 121 euros que adelanta para Hacienda, difícilmente el erario se los va a devolver. Como aconseja cualquier gestoría, como mucho pedirá la compensación para futuros sacrificios, perdón, ejercicios tributarios, pero como su cuenta de IVA a favor sigue engordando, cada vez adelanta más dinero que, si armándose de valor un día pide que le devuelvan, amén de los meses o años de espera, nunca será el 100%, ya que Hacienda le investigará automáticamente, y dad por seguro que jamás le devolverán todo el IVA que pagó por adelantado. Así que el promotor sigue cobrando 12,1 y cuando le toca la declaración trimestral ya paga los 121 que ha cobrado de más, que para que lo tenga Hacienda, lo tiene él.

Creo que, al menos, y no me parece descabellado para hablar de una bajada real del IVA cultural, las facturas directas que se cargan sobre la realización técnica de un evento cultural deberían ir todas al 10%, o al que corresponda. Pero fundamentalmente la factura del músico. Es razonable pensar que si tú vas a cobrar una entrada con el 10% de IVA, el grupo te facture a ese mismo 10%, porque en definitiva, ¿quién es el ejecutante real de esa actividad cultural que se intenta incentivar con la bajada del IVA? Y con toda seguridad el promotor sí estaría más en la línea de adecuar el precio de la entrada. Siguiendo con el mismo ejemplo exagerado de antes, si pago 1100 por el grupo, sería razonable cobrar a 11 euros la entrada y no a 12,1.

Y todo esto siempre que hablemos de promotores privados, que se juegan sus cuartos. Porque si hablamos de promotores públicos, que en muchas ocasiones ofrecen esos espectáculos sin cobrar ningún tipo de entrada, que alguien me explique qué significado o qué valor tiene la bajada del IVA cultural; ya lo explico yo, ninguno. En mi experiencia tanto de músico como de mánager y de promotor, os puedo asegurar que en bastantes ayuntamientos no comprenden que se hable de bajada del IVA cultural y no se aplique esa reducción a las facturas de los cachés. Sirva como anécdota que a mí me devolvieron una factura, diciéndome que si no me había enterado de la bajada del IVA cultural. Les tuve que llamar para explicarles que la bajada solo afectaba a la venta de entradas. Si se hubiese aplicado a los cachés, muchos ayuntamientos aumentarían en mayor o menor medida su oferta cultural.

Creo que la bajada del IVA en el último eslabón de la cadena cultural no es sino una medida de cara a la galería, que como mucho favorecerá al espectador/votante, pero en ninguna medida a la industria cultural propiamente dicha, que también vota, pero son menos. A lo mejor habría que empezar con el desarrollo de esa famosa ley de mecenazgo que pasa de boca y cajón de ministro en boca y cajón de ministro, pero ninguno tiene la valentía, o la sapiencia, vaya usted a saber, de desarrollar y llevar a cabo. A lo mejor entonces podríamos empezar a hablar de verdadero interés político por incentivar y dinamizar la actividad cultural.

Os adjunto este link de Sympathy for the lawyer, una gente muy recomendable para los que tenéis dudas jurídicas en vuestra actividad como artistas.

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